jueves, 17 de julio de 2014

El cuarteto de Whitechapel

Inquietud. Esa es la palabra con la que mejor definiría la sensación que me ha provocado la historia que nos cuenta en "El cuarteto de Whitechapel" el autor Daniel Sánchez Pardos. Y ya no tanto por tratarse de un novela con elementos policíacos, de terror o misterio en diferentes grados, sino más bien por los caracteres y las realidades que nos plantea el libro. Nos encontramos, para comenzar, con unos personajes capaces de realizar actos terribles, de causar la muerte y propagar el terror sin un motivo que pueda considerarse "razonable", si es que hay alguno que pueda denominarse así, pero sí es cierto que esta historia está plagada de muertes ocasionadas por obsesiones, por afán de notoriedad, por el disfrute de la muerte por sí misma, una serie de elementos difíciles de controlar y, lógicamente, de dominar. Inquietud es, por tanto, la palabra que elegiría para definir el estado de ánimo que me ha acompañado a lo largo de la lectura de esta novela en la que no sabes en ningún momento de quién puedes fiarte y de quién no, incluso dudas constantemente del equilibrio mental de los personajes que aparecen, sus motivaciones o sus conductas no son mensurables con nuestros criterios habituales, con lo que es complicado prever sus acciones y reacciones.

Y ya entrando en el argumento, nos encontramos con nuestro protagonista: bajo la aparente normalidad de un joven español con aspiraciones literarias que trabaja de guía del terror en el barrio londinense de Whitechapel siguiendo los rastros de Jack el Destripador, mientras avanza a duras penas en la escritura de una novela que se le resiste, Ikatz Santaella nos va contando en primera persona los acontecimientos que conforman esta historia, aunque a pesar de contar con su testimonio de primera mano no por ello acabamos de conocerlo del todo. A lo largo del relato vamos a ir descubriendo poco a poco su extraño carácter e inusuales hábitos, tales como que engulle papel con gran deleite a la vez que alterna periodos de ayuno absoluto con atracones compulsivos frente a la nevera, que convive con el fantasma del mismísimo Borges con el que dialoga incansablemente o que persigue furtivamente a mujeres por los parques de la ciudad. Le conocemos una novia argentina, Paula, con la que comparte piso y que está deseando despuntar como artista en un entorno en el que ya todo está inventado en lo que al Arte se refiere y por ello cualquier instalación, por absurda que parezca, cualquier actuación que lleve el apelativo de arte rompedor o anti-arte o nuevo arte es aplaudido y ensalzado; ya no vale cualquier cosa para triunfar, hay que dar la nota y hacerlo por todo lo alto. Así que cuando comienzan a darse una serie de suicidios de presuntos artistas radicales retransmitidos en directo a todo lo largo del planeta, ya no hay duda de que estamos ante la manifestación última y extrema de la expresión artística y Paula así lo reconoce y en ello se inspira.

Pero otros crímenes más cercanos se mezclan con aquellas muertes: un supuesto imitador de Jack el Destripador está sembrando Londres de cadáveres y estos, desgraciadamente, aparecen siempre demasiado cerca del infortunado Ikatz, ¿casualidad o algo más? Y rodeando al protagonista nos encontramos a unos personajes de lo más variopinto y extravagante comenzando por su mejor amigo, Xavi, conductor de limusinas y obsesionado con el sexo, los caseros y protectores de Ikatz, una pareja de ingleses propietarios de una librería de libros antiguos interesados en las investigaciones de los crímenes y en descifrar lo que ocultan los suicidios televisados, toda una pléyade de artistas alternativos y excéntricos, un padre y un "suegro" con los que las relaciones no son precisamente fáciles, todos ellos configuran el entorno en el que se mueve nuestro protagonista. Toda esta mezcla de pintorescos personajes, crímenes sin sentido y algo de comedia negra incluso, ambientada entre el Londres de los turistas en bermudas, los círculos artísticos de las vanguardias extremas y el contraste con la Inglaterra más tradicional, da como resultado una novela en la que todo es posible, la lógica y lo irracional andan parejos, cualquier conclusión a la que se acabe dirigiendo la historia te parece posible. Por ello, cuando nos encontramos en las manos con un final abierto y con todos los elementos que nos han ido proporcionando a lo largo de la novela, no nos queda más que imaginar, aún sin desear que así sea, cuál es la culminación de esta historia. Y tal vez no sea la que desearíamos.

Al hilo de la trama, además, el libro nos plantea diversas reflexiones incómodas, comenzando por preguntarnos qué es el arte, si cualquier cosa vale como expresión artística o si nos encontramos más bien ente todo un mundo de engaño frente a eso que llaman Arte Contemporáneo o Postmodernidad. Y podemos reflexionar también sobre el insaciable gusto por el morbo por parte del público, del que todos formamos parte al final; sobre la persecución del éxito por el éxito, sin importar los medios para alcanza la fama, la cultura de la vida convertida en espectáculo, la banalización de todo, en especial de la muerte ante la que nos volvemos insensibles de tanto contemplarla, además de una nueva visión de las causas de los atentados del 11S que, aunque sabemos que irreal, no nos cuesta imaginar como posible después de haberlo visto todo o casi todo ya en la televisión.

En fin, una novela que no te deja indiferente, que te remueve por dentro y que te hace descubrir que aún queda gente por ahí con buenas historias que contar y que, además, sabe contarlas bien.

viernes, 11 de julio de 2014

El jilguero

En esta novela de Donna Tartt y de generosa extensión nos encontramos con un protagonista que nos cuenta en primera persona su agitada existencia; a lo largo de un montón de páginas acompañamos en su periplo a Theodore Decker, un chico de trece años que vive con su madre en Nueva York y lo seguimos durante sus primeros años de juventud. Theo es un buen hijo que acude a un colegio prestigioso a costa del duro esfuerzo materno por asegurarle una buena educación. Una mañana las circunstancias y la lluvia les llevan a ambos a encontrarse visitando el Met cuando una terrible explosión destroza las salas que estaban visitando. Theo es uno de los pocos supervivientes de la masacre, logra escapar del infierno en que queda convertido el museo y en su huída se lleva consigo un pequeño aunque muy valioso cuadro, "El jilguero", que mantendrá oculto, sin ser capaz de separarse de él ni de entregarlo a las autoridades, además de un anillo que un anciano que cae herido junto a él en la explosión le entrega para que se lo haga llegar a su socio.

Huérfano y sin nadie a quien recurrir, rechazado por su abuelo y con su padre en paradero desconocido es acogido temporalmente por la familia de su compañero de colegio Andy Barbour, una familia acomodada, culta, aunque algo excéntrica. Al tiempo, se atreve a ponerse en contacto con Hobie, el socio del anciano que falleció en el museo y conoce también a su sobrina Pippa que también ha sobrevivido a la explosión aunque con graves secuelas. Las cosas parecen ir enderezándose hasta que aparece por sorpresa, después de años sin dar señales de vida, el padre del chico que lo reclama y se lo lleva a Las Vegas, con intención en realidad de beneficiarse de la gestión del fondo que su madre ha dejado para Theo.

De las calles de Manhattan y su ambiente de toda la vida el chico se ve transportado al inhóspito desierto de Nevada a donde le acompaña siempre bien oculto el cuadro del que nunca se separa. Las Vegas son lo más parecido al infierno para Theodore. Supuestamente se encuentra a cargo de su padre y la novia de este, pero ellos se dedican básicamente a buscarse la vida entre los casinos, las apuestas y demás asuntos turbios donde no tiene cabida el ocuparse de un niño. Theo está más solo que nunca, falta a la escuela, conoce a Boris un muchacho de origen ucraniano y naturaleza salvaje, más abandonado todavía que Theo porque, a pesar de tener padre, jamás conoció el amor. Ambos chicos pasan los días entre borracheras, colocones de pegamento y viendo películas en la televisión, en un barrio deshabitado a las afueras donde no llega ni el transporte público ni los repartidores de pizza.

A ese niño perdido y solitario nos lo encontramos más adelante de vuelta en Nueva York, convertido en un adulto que se sumerge en las drogas y el alcohol para escapar de su soledad, que sigue tratando de llenar el hueco que su madre le dejó, un sumidero en el que se va hundiendo sin remedio a pesar de que podemos adivinar una posible vía alternativa, que podría salvarse y disfrutar de una vida "normal", la que podría esperarle al lado de Hobie, que se convierte casi en un segundo padre para él, que le acoge y le da un oficio del que vivir en el mundo de las antigüedades, e incluso llega a planear una boda que le podría situar bien en el entorno social. Pero ese no es su destino ni se esfuerza por alcanzarlo, él sigue hundiéndose arrastrado por el peso de su dolor y tendrá en su cuadro oculto la única fuerza que le hace sentir que tiene algo valioso, algo que lo distingue de los demás y le da sentido, aunque tenga que mantenerlo en secreto. Y para ayudarle en ese camino sin retorno reaparece su ángel negro, su amigo Boris que tira de su manga hacia el pozo de la nada, porque su amistad es profunda pero letal, le lleva a lo peor de la autodestrucción. Y cuando tenga que acompañarlo para recuperar su jilguero perdido, emprenderá un descenso definitivo hacia el desastre.
El Jilguero de Carel Fabritius

En la novela nos encontramos con un minucioso detalle de las sensaciones, los pensamientos y las alucinaciones, las ansiedades y miedos sin fin, las sospechas y el vacío existencial, pero también mos acercamos al disfrute de la amistad fraternal, el amor de la familia y la sensación de pertenencia, en un relato que se desarrolla sin prisa, a pesar de ir avanzando en la narración se detiene en cada reflexión, en cada momento de ansiedad o sufrimiento. Es esta una novela alejada del buenismo, de todo intento de salvar el honor del protagonista, de hacerle aparecer como un personaje positivo. Nos lo muestra como un ser débil y sometido a la esclavitud de sus adicciones, con un muy buen fondo, una buena base humana, Theo es una buena persona pero que perdió demasiado pronto y de manera demasiado brutal los pilares de su vida y desde entonces sus cimientos no fueron sino arenas movedizas sobre los que nada permanente es posible construir. Y sufrimos con ese hundimiento anunciado, al menos yo he sufrido junto a ese joven al que tomas cariño necesariamente y como él, llegas a añorar a esa madre ausente a la que sigue adorando y cuya figura no para de crecer aún después de muerta, encarnando todo lo luminoso que pudo haber en su vida. Sólo Pippa se le asemeja de alguna manera como referente positivo, tal vez porque pasó por la misma experiencia traumática que él, sufrió el mismo shock pero salió de ello fortalecida en sus virtudes, en vez de perderse en la oscuridad como Theo, ella sobrevivió física y psicológicamente. Theo la ama desde el primer día y parece ser la única que podría darle un sentido a su vida.

El libro es largo, bastante largo la verdad y además, aunque la prosa es bastante limpia y se lee bien, es preciso contar con tiempo y ánimo para embarcarse en él, ya que resulta una lectura intensa, dramática en ocasiones pero que toca en lo más profundo, porque entra de lleno en lo más oscuro del alma del protagonista, en su soledad y en sus duras experiencias. Una lectura recomendable, sin duda, que merece la pena disfrutar, aunque sea a costa de sufrir algo por ello.

jueves, 3 de julio de 2014

El último pasajero

Cuando una novela comienza con un capítulo tan impactante y atractivo como lo hace “El último pasajero” del polifacético (además de abogado, presentador y guionista) autor gallego  Manel Loureiro, con un ambiente cargado de tensión y miedo a lo desconocido, ya te engancha sin remedio y te predispone a continuar con su lectura ansiando descubrir qué se oculta tras los extraños sucesos como los que se nos presentan ante los ojos. Y esta novela es, verdaderamente, de las que enganchan hasta el final.

Nos encontramos en el año 1939 cuando los tripulantes de un carbonero que navega por mitad del Atlántico se cruzan con un enorme barco “fantasma” aparentemente abandonado y completamente vacío, envuelto además en una atmósfera extrañamente gélida en medio de una espesísima niebla donde no se escucha ni un sonido, ni tan siquiera el golpeteo del agua contra el enorme casco. Todo es quietud y ausencia de vida. Dentro del inmenso crucero alemán, de nombre Valkirie y decorado de esvásticas en todas sus versiones, no encuentran absolutamente a nadie. La cena está recién servida sobre las mesas del comedor, los botes de salvamento permanecen amarrados y ningún rastro de vida acompaña a todo eso. Solamente un bebé con una cruz judía al cuello como único indicativo y envuelto en una manta aparece en mitad de la sala de baile. Los marineros del carbonero lo sacan apresuradamente del barco y lo remolcan hasta el puerto más cercano, al que llegan cuando ya se ha declarado la que será la segunda Guerra Mundial.

Setenta años más tarde, ese niño, convertido ahora en un excéntrico millonario de nombre Isaac Feldman, dueño de lucrativos negocios a nivel mundial, ha rescatado aquel barco del depósito militar donde ha pasado las últimas décadas, lo ha restaurado y devuelto su esplendor original y reúne en él a un variopinto grupo de científicos y expertos para recrear el viaje inaugural (y único) del viejo Valkirie para tratar de descubrir qué fue lo que ocurrió entonces, a dónde fue a parar la tripulación y los pasajeros de aquel inmenso barco y porqué sólo él sobrevivió. La protagonista de la novela es Kate Kilroy, de soltera Catalina Soto, una joven periodista española que es enviada por el periódico londinense en el que trabaja a cubrir la noticia, en base a la cual espera escribir un reportaje de investigación, para lo cual consigue ser invitada por el señor Feldman a tomar parte en el crucero. Este trabajo le servirá también a Kate como distracción para mitigar el dolor por la reciente muerte de su marido en un accidente y tratar así de recuperar su vida anterior, enfrascándose de lleno en su actividad laboral.

La novela reúne muchos elementos atractivos del género de intriga o misterio, todo bien combinado para dar lugar a una novela muy emocionante que cuenta con su buena dosis de suspense, bastante acción y fenómenos inexplicables, rayando con el género de terror. La narración es muy visual, en seguida te introduce en las escenas y recrea vivamente los escenarios. Las diversas historias que se cuentan sobre varios casos de barcos fantasmas aparecidos a lo largo de la Historia son fascinantes, al margen de que se puedan o no creer, que se tomen más o menos en serio, no dejan de ser uno de esos misterios sin resolver que pueblan las leyendas desde la Antigüedad y que despiertan la curiosidad en cualquiera que las escuche, junto con la posibilidad de viajar en el tiempo, uno de los más atractivos tópicos de la ciencia ficción. En esta ocasión, el pasado al que nos transporta la historia es a la Alemania nazi, en su versión más esotérica, con su fuerte simbolismo y su carga de leyenda de alcanzar una sociedad perfecta sometida al líder todopoderoso, vamos, terror en estado puro. Este libro combina estupendamente la ambientación en el tiempo actual con todos los elementos de modernidad, tecnología y realismo con los elementos arcanos e irracionales, mantiene el equilibrio entre los razonamientos científicos y las hipótesis más esotéricas, nos permite asomarnos a las posibilidades de lo desconocido con los pies en la realidad más lógica.

El ritmo del relato es ágil y la transición entre capítulos te arrastra de uno a otro sin pausa. Bien es cierto que a partir de un determinado momento la alternancia del presente con el pasado se hace un tanto confusa, la realidad se entremezcla con lo imaginado igual que les ocurre a los personajes, dudando en ocasiones sobre si lo que vemos es real o imaginado. También indicaría que algunas escenas de violencia o sexo son más explícitas de lo que mi gusto suele apreciar, pero creo que una vez enfrascados en el ambiente de la historia, asumiendo que no estamos ante una novela realista sino ante una mezcla de suspense, fantasía y acción desatada, se puede aceptar la irrealidad con la que nos enfrentamos y asumir todos los trucos que nos plantea el autor. Dicho esto, no resulta difícil sumergirse en el inquietante misterio, deslizarse hacia la niebla insondable que sabemos que oculta secretos que nos sorprenderán y dejarnos llevar por un rato hacia el lado más tenebroso de la realidad. Puro entretenimiento en definitiva.

jueves, 26 de junio de 2014

El verano de los juguetes muertos

Cuando acaba de hacer su entrada el verano, rescato esta novela de hace ya tres años que tantos comentarios positivos recibió en su día y que tenía abandonada entre mis libros pendientes de lectura."El verano de los juguetes muertos" ópera prima del, hasta ese momento traductor, Toni Hill, es una novela policíaca con un estilo y una estructura bastante clásicos en este género: un argumento con dos tramas en paralelo, unos personajes de los que se nos dan algunos apuntes de sus vidas personales al hilo de sus quehaceres profesionales y un lenguaje fácil que da lugar a una novela que se lee rápidamente y sin mayores dificultades, manteniendo de manera eficaz la intriga hasta el último momento.

El argumento principal gira en torno a la muerte, aparentemente accidental, de un chico de buena familia barcelonesa al caer desde la ventana de su habitación. Sin embargo, durante la obligada investigación presuntamente rutinaria comienzan a asomar algunos indicios que hacen sospechar que tal vez no se trate de un simple accidente. Profundizando en estos detalles se descubrirá que los implicados en el asunto tienen algo más que esconder. El inspector Héctor Salgado, de la policía de Barcelona, se pone al frente del equipo a cargo del caso. Acaba de regresar de un mes de vacaciones forzosas durante las cuales trató de apartarse de un feo asunto en cuya investigacion participó y en la que acabó dando una tremenda paliza a un sospechoso. Se reincorpora, por tanto, con cautela a su trabajo pero aquel caso no acaba de estar rematado y, de hecho, aunque en segundo plano tras la trama principal, sigue dando problemas al inspector, de manera que sabemos que tarde o temprano acabará reclamando su protagonismo en la historia que se nos cuenta.

La acción de la novela se desarrolla en una  Barcelona sumida en lo más agobiante del bochorno veraniego. Recorremos junto a los personajes la ciudad, desde el puerto y las calles más turísticas hasta las zonas altas donde viven los ciudadanos más acomodados entre los que se encuentran los implicados en la extraña muerte del joven Marc Castells. Los policías se internan en las diferentes zonas de Barcelona y tenemos ante los ojos una completa visión de la ciudad, sus barrios, sus distintos ambientes y sus habitantes. La novela no es muy larga pero es que además se hace aún más corta al ser muy ágil en su narración, muy visual en sus descripciones y se lee cómodamente, acelerándose adecuadamente el ritmo según avanza la trama y concluyendo en un desenlace donde todas las piezas encajan aunque ello no signifique que se cierre por completo el argumento ya que, muy hábilmente, el autor nos deja un hilo suelto para engancharnos a la siguiente novela de la serie que, muy probablemente, leeré en breve, ya que me ha picado el gusanillo de la curiosidad de saber cómo continúa la historia.

viernes, 20 de junio de 2014

La vida cuando era nuestra

Esta novela de Marian Izaguirre es un acertado ejemplo de eso que se suele llamar “libros sobre libros”: una novela en cuyo argumento se incluye otro libro que ocupa un lugar preeminente, una historia dentro de otra y una conexión entre ambos argumentos que entrelazan sus historias sin que podamos decidir cuál prevalece, cuál es el hilo principal y cuál está supeditado al otro. Así se estructura esta novela “La vida cuando era nuestra” que tan positivamente me ha sorprendido.

En lo que se refiere al argumento incialmente principal nos encontramos ante dos historias, por una parte la de una mujer madura, de origen inglés y de la que ni siquiera tenemos muy claro su verdadero nombre, en ocasiones se presenta como Alice, pero otros la llaman Rosa. De ella sabemos más bien poco, sólo que llegó a España durante la guerra civiel siguiendo a un amor y que ahora está sola y no lleva bien esa soledad; poco a poco nos  irá contando fragmentos de su vida al hilo de sus recuerdos que siempre le acompañan como fugaces fragmentos del pasado que rememora y le devuelven a los seres queridos a los que echa en falta y los lectores iremos poco a poco reconstruyendo ese pasado suyo y entendiendo qué es lo que le ata a Madrid. Por otro lado nos encontramos con un matrimonio que en los grises años 50, cuyo lóbrego ambiente social tan bien se retrata, regentan una pequeña librería que abrieron con lo que les quedó cuando la guerra les dejó sin su editorial y sin la vida tal y como la conocían antes, esa “vida cuando era nuestra” que da título a la novela. Matías y Lola, que así se llama la pareja, comparten vida y trabajo en su minúsculo y poco lucrativo negocio que básicamente se limita al material de oficina y a los libros de segunda mano, pero conservan el amor que un día les unió y los principios por los que vieron arruinada su vida cuando la guerra terminó.

Cuando Matías encuentra entre la última remesa de libros de segunda mano recibida una curiosa novela titulada “La chica de los cabellos de lino” la vida de las dos mujeres se entrecruzan. En esta novela se narra la vida de la pequeña Rose Tomlim, una niña que crece en una granja de Normandía sin saber que es hija ilegítima de un noble inglés. Su adolescencia en los años previos a la I Guerra Mundial y su descubrimiento del mundo al hilo de una guerra, sus años de juventud, su vida en París... todo eso lo comparten Lola y Alice mientras van descubriendo juntas, a través de la novela la vida de la joven Rose. Esas horas compartidas da origen a una incipiente amistad en las que ambas mujeres se ven identificadas con muchas de las cosas que han vivido, cada una en una época pero con muchos puntos en común. Desde el principio es inevitable identificar a la joven Rose protagonista del libro con la madura Alice, convencida de que son la misma persona y de que estamos ante unas memorias de su propia vida. No sabemos a dónde nos llevará este juego pero lo cierto es que Alice, o Rosa, está abriendo su alma, mostrando su pasado a Lola, haciéndola partícipe de lo que fue su vida y cómo salió adelante y llegó hasta donde ahora la encontramos.

 “Ahora éramos dos mujeres, una vieja y otra joven, unidas por un libro.” 

El relato es muy fluído, constantemente avanza y nos va presentando los hechos de una forma desordenada a veces pero muy clara. A pesar de seguir el hilo de las dos historias independientes no hay brusquedad al pasar de una a otra, en ocasiones, incluso, las experiencias de ambas parecen mezclarse, un personaje toma una decisión o hace una reflexión que, perfectamente, le cuadraría a algún personaje de la otra historia, al final acaba siendo todo una única historia con muchos hilos, distintas épocas pero donde predomina la sensación de que las cosas importantes no son muy distintas de una época a otra o de un país a otro. La autora demuestra una sobrada capacidad para contar las cosas y transmitir emociones con pocas palabras, sin largos párrafos, cambiando de escena en una sola frase sin resultar brusca. Emplea frases cortas pero reflejando pensamientos de manera certera, con la palabra justa, el adjetivo adecuado. Una manera muy ágil y a la vez muy efectiva de contar las cosas.

Me deja un muy agradable recuerdo esta lectura una vez terminada, con esa sensación de no haber abandonado del todo a las protagonistas, de evocar de vez en cuando alguna escena, porque realmente están muy bien dibujadas, son muy creíbles y permanecen en el recuerdo incluso después de haber terminado la novela. Y por encima de todo ello, el tema siempre presente de la lectura, los libros, las librerías y los libreros, los autores que se citan constantemente o que aparecen como personajes, todo ello es un valor añadido que suma activos a la buena sensación que me ha causado esta muy recomendable novela.

“Cuando uno es mayor, como yo ahora, lee y olvida muy fácilmente. Es como si necesitaras abrir hueco en un depósito que ya está demasiado lleno. Pero cuando uno es joven lee sin saber que las palabras leídas hablarán de nosotros con el paso del tiempo, nos guste o no.”

jueves, 12 de junio de 2014

Cartas a palacio

Con la I Guerra Mundial como escenario de fondo y la España de principios del siglo XX en primera línea, esta novela de Jorge Díaz, “Cartas a palacio”, nos presenta una variedad de historias de muy diverso carácter y con unos protagonistas totalmente variopintos entre los que destacan el rey Alfonso XIII a cuya figura se nos acerca de manera muy humana y entrando en muchos aspectos de su personalidad y actividad política; Blanca Alerce, hija de una noble familia que no duda en arruinar su boda con un canalla y dejar de lado su previsible futuro como esposa tradicional para perseguir sus aspiraciones de trabajar y hacer algo de interés con su vida; Manuel Campos es un obrero simpatizante de los anarquista que apoya las protestas sociales que exigen mejorar las condiciones de vida de las clases desfavorecidas aunque recela de los extremismos de algunos grupos que abogan por la violencia en defensa de sus ideales. Junto a estos protagonistas, la novela abunda en personajes secundarios, que igualmente están muy bien retratados y cuyas historias no dejan de estar bien contadas y cada una da una pincelada de las distintas caras de la sociedad no sólo  de la española sino también de otros países, de las posturas durante la guerra o, en caso de los españoles, de la relación con el conflicto desde la posición de neutralidad de España. Nos encontramos con un pintor francés casado con una gitana sevillana o un diplomático alemán enamorado de un joven de buena familia del barrio de Salamanca, ambos extranjeros son movilizados por sus países de origen para participar en la guerra y de su mano visitaremos los escenarios del conflicto bélico. Incluso conoceremos de cerca al asesino del archiduque Francisco Fernando de Austria, un patriota serbio que con su acción va a dar origen a la que se conoció como "la Gran Guerra".

Muy variadas historias, por tanto, las que conforman el complicado puzle de argumentos que van desarrollándose en paralelo construyendo una imagen completa de aquellos primeros años del siglo XX, con historias de distinto estilo, unos argumentos con un enfoque más personal y otros con mayor trasfondo político e histórico, pero todos ellos resultan de interés y están muy bien contados y se equilibran perfectamente. El autor retrata muy bien todos los ambientes, desde la corte de Alfonso XIII y los empleados del Palacio Real hasta los campos de batalla europeos, la vida en el Madrid que se beneficia del negocio de la guerra desde los palacetes de las familias pudientes y sus grandes fiestas o los barrios más míseros de la capital a los que no llega ni un ápice del incipiente progreso técnico y económico que se comienza a adivinar en el país. Desde la redacción de los periódicos a las actividades de los servicios de espionaje de los países en guerra, nos iremos moviendo por distintos escenarios de la mano de cada personaje cuyas historias se irán interconectando de forma muy acertada y fluída. Y es que todas las tramas se van alternando constantemente con agilidad, manteniendo todas el interés, conformando una novela coral en la que pasamos de Madrid a París, o del barrio de Triana a los campos de batalla sin que haya ningún argumento que sea menor, que tenga menos fuerza o resulte de relleno.

Y en medio de ese escenario, las cartas que dan título al libro se reciben sin cesar en el Palacio Real de Madrid donde el rey español, haciendo uso de su privilegiada posición de neutralidad, crea la Oficina Pro-Cautivos con el objeto de interceder por los ciudadanos de los distintos países que le hacen llegar peticiones de diversa índole, enviando ayuda a los prisioneros o, al menos, logrando que se puedan comunicar con sus familias. Esta institución que fue una precursora de las actuales misiones de paz se convertirá en el núcleo central en torno al que se mueven y terminan uniéndose las diferentes tramas de la novela.

He disfrutado mucho con esta lectura que me ha permitido trasladarme a unos años complicados de la Historia mundial y de España en particular, a través de un relato que combina certeramente un poquito de romance con un tanto de drama, relato bélico y novela histórica, manteniendo un buen equilibrio de todos estos elementos y que resulta una lectura muy entretenida y en la que todo está, en definitiva, muy bien contado. Una buena forma de echar la vista atrás cien años después de aquella guerra para conocer algo más aquellos funestos hechos que alteraron la paz mundial.

jueves, 5 de junio de 2014

El robo de la Mona Lisa

Es cierto que el dicho de que la verdad supera muchas veces a la ficción suena un tanto manido, pero no es menos cierto que tantas veces se cumple esa afirmación y que frecuentemente nos encontramos ante novelas que no hacen sino recrear unos hechos reales, en las que lo aportado por el autor no es más que el marco en el que contar dichos sucesos que se dieron ciertamente, aunque parezca increíble, que tendremos por lo tanto que seguir oyendo y aceptando la dichosa frase durante mucho tiempo. Eso es exactamente lo que ocurre con la historia que nos cuenta Carson Morton en esta novela titulada "El robo de la Mona Lisa" y que narra justamente lo que el título indica: la rocambolesca aventura de un timador profesional que decide dar su golpe maestro robando el famosísimo cuadro con el objeto de venderlo, no a un rico y caprichoso millonario americano, sino nada más y nada menos que ¡a seis de ellos! Sin duda un golpe maestro digno de un ingenio extraordinario puesto, por desgracia, al servicio del engaño y de la falsificación.

La novela está extraordinariamente bien ambientada en el París de los primeros años del siglo XX, en la vorágine que suponen los grandes avances de que está siendo testigo el mundo y que están llenando las calles de vehículos a motor, de monumentos como la Torre Eiffel que superan la imaginación de los más atrevidos, la construcción de metropolitano que corre bajo el suelo de la ciudad de la luz a la cual acuden miles de turistas atraídos por las grandes obras maestras del Louvre y ansiosos por disfrutar de las innumerables bellezas artísticas que allí se atesoran y, si acaso, volverse a casa con alguna de las reproducciones que de ellas se ofrecen de mano de los artistas que pueblan las orillas del Sena. Pero algunos apasionados del arte desean ir más allá y no se conforman con buenas reproducciones, son aquellos potentados cuyo mayor placer consiste en hacerse con las obras maestras originales y disfrutar de ellas en el secreto de sus grandes mansiones, aunque no sea posible compartir ese placer con nadie más, dado el origen ilícito de dichas adquisiciones. Y ahí es donde entra en juego el argentino Eduardo Valfierno, un astuto timador de guante blanco oculto tras la fachada de marchante de arte, especializado en falsificaciones y que desarrolla un método por el cual hace creer a sus clientes que se encuentran en posesión de las obras originales, cuando lo que se llevan a casa a cambio de una importantísima cantidad de dinero no son sino buenas copias. Pero en esta ocasión el golpe debe ser definitivo: robarán la auténtica Gioconda y posteriormente, tras timar simultaneamente a un puñado de ricos norteamericanos haciéndoles creer a cada uno de ellos que la suya es la original, la hará reaparecer para devolverla su lugar de origen ... de no ser que  a posteriori no sea tan fácil distinguir el original de las soberbias copias que de la obra maestra se realizarán.

Acompañado de un puñado de buscavidas de distinto pelaje y con la ayuda de un ex-trabajador del museo de origen italiano al que engañan con la excusa de devolver a su patria la obra maestra del arte renacentista, Valfierno proyecta un enrevesado plan en el que muchos factores se han de conjugar correctamente para que todo salga como estaba previsto y esto no siempre es fácil. Nos encontramos, de este modo, ante una novela animadísima, con un aire fascinante de un mundo lleno de lujo y riqueza, de pasión por el arte, de artistas callejeros y grandes talentos de la pintura que viven de copiar a los grandes maestros, incluyendo un "cameo" ficticio del genial Picasso como joven artista todavía desconocido pero ya destacando como futuro genio y una trama de novela policial con toques de novela histórica y mucho entretenimiento que garantiza unas horas intensas de buena lectura.