sábado, 21 de marzo de 2026

Entre visillos

Con su primera novela, "Entre visillos", la entonces joven escritora salmantina Carmen Martín Gaite consiguió el premio Nadal en 1957. La que sería una de las grandes figuras de la narrativa española de la generación de la posguerra nos ofrece en esta novela coral el retrato de un grupo de jóvenes en una pequeña ciudad provinciana sin identificar pero que se parece mucho a Salamanca en los primeros años cincuenta, formando parte de la sociedad burguesa de la época, acomodada a los usos y costumbres del franquismo.

El relato va alternando entre dos narradores en primera persona: Natalia, que es la pequeña de tres hermanas, huérfana de madre desde el nacimiento que no tiene claro cuál será su futuro cuando termine el bachillerato; por otro lado está Pablo Klein, un joven profesor de instituto recién llegado a la ciudad que se convierte en testigo desde su posición de forastero del mundo de las muchachitas y el grupo de amigos que frecuentan.

La principal preocupación para la mayoría de las chicas es encontrar un buen marido, a ser posible un buen partido como un notario o un militar. Algunas no terminan el instituto y ya tienen planes de boda, como Gertru cuyo novio piensa que seguir estudiando no le servirá de nada para ser una buena esposa.  

Abunda el relato en cantidad de detalles que ilustran la época: relojes de cuerda, faldas de camilla, puestas de largo o el cumplimiento del luto conforman una acertada ambientación costumbrista de los escenarios en los que transcurre la novela, las casas, el instituto, los bailes del casino, acompañados con vivaces diálogos que conservan giros y expresiones propias del habla popular y juvenil de la época.

Destaca el modo en que se refleja el ambiente asfixiante de las pequeñas ciudades de provincias constreñidas por la moral estrecha que somete el comportamiento y hasta el pensamiento de las jóvenes para las que el  matrimonio parece la única salida, sin darse cuenta de que no supondrá una liberación sino pasar a someterse a la obediencia a un marido. La novela destila aire de tristeza y aburrimiento para una juventud que no se atreve a disfrutar, a reírse libremente, pendientes de la opinión ajena, de la estricta moralidad que se les impone y mirando hacia un futuro que no parece más prometedor que el oscuro presente.

"Solamente uno que vive aquí metido puede llegar a resignarse con las cosas que pasan aquí, y hasta puede llegar a creer que vive y que respira. ¡Pero yo no! Yo me ahogo, yo no me resigno, yo me desespero."

3 comentarios:

  1. Lo leí hace muchísimos años. Recuerdo que me gustó mucho, que reflejaba muy bien cómo era la sociedad de esos años. Hace mucho que no leo nada de esta autora.
    Besotes!!!

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    1. Es realmente un buen retrato de la época. Siempre da satisfacciones el volver a autoras consagradas de nuestra letras, no dejan de contar historias que siguen interesando aunque pase el tiempo.
      Saludos.

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  2. Es una de mis autoras favoritas y hace años me leí casi seguidas muchas de sus obras, entre ellas esta. Muchas gracias por tu reseña. Un abrazo.

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