viernes, 30 de noviembre de 2012

La librería ambulante

¡Qué libro tan encantador!, ¡Qué novela tan sencilla y tan llena de alegría y pasión por los libros! Me ha encantado (ya lo habréis notado) esta novela que empieza bien desde el título: "La librería ambulante" que no es traducción literal del original "Parnassus on wheels" (el Parnaso sobre ruedas) pero que resulta acertado y atractivo, y continúa entrando por los ojos con esa foto de portada, donde vemos uno de esos carromatos que, aunque no sé si existieron en España, sí nos han llegado desde otros países sus imágenes en blanco y negro, por las que conocemos que se encargaban de llevabar la lectura a los rincones más inhóspitos, a los pequeños pueblos que carecían de librería e incluso de biblioteca, los amantes de la lectura verían en ellos su salvación de una vida condenada a no disfrutar de una buena lectura, de no ser por estos libreros trashumantes que arrastraban su carga de cultura de un lugar a otro.

La historia que nos cuenta Christopher Morley se centra en el personaje de la señorita Helen McGill, una mujer madura que dedica su vida, tras haber ejercido de institutriz, a ocuparse de la pequeña granja que posee junto con su hermano, un escritor de relativa fama local que dedica más tiempo a sus escritos que al trabajo en el campo. Helen es la sensata de la casa, la que no le da muchas vueltas a las cosas y trabaja sin descanso de sol a sol, orgullosa de su tarea de ama de casa. Pero un día se presenta ante su puerta el señor Mifflin, propietario de la librería ambulante "El Parnaso" dispuesto a ceder el negocio al señor McGill. Helen toma en ese momento su gran decisión: será ella la que se ocupe de ese negocio. Por primera vez en su vida y llevada por un impulso irracional, se lanza a la única aventura que ha vivido nunca,abandona su vida rutinaria y decide tomarse unas merecidas vacaciones a bordo del Parnaso. Cuando se para a calcular el número de hogazas de pan que ha horneado en todos esos años se le presenta claramente la cantidad de tiempo perdido sin conocer más allá de su cocina, de su granja y sus aledaños. Y decide cambiar de vida radicalmente.

El libro se cuenta en primera persona, en la voz de la dispuesta Helen, su sencillo tono, sus razonamientos simples y su paulatino proceso de descubrimiento del mundo, del placer de recorrer los caminos sirviendo a sus clientes, gente sencilla del entorno rural, campesinos, granjeros y habitantes pequeñas ciudades para los cuales el Parnaso supone la llegada del aire fresco que implica poder renovar sus lecturas, sean de literatura o de libros técnicos sobre agricultura o cocina, todo eso se cuenta con un estilo simple y sincero, donde asistimos a las reflexiones de la protagonista y compartimos con ella su nueva visión del mundo.

Porque el mundo de Helen se agranda según se amplía su horizonte visual. Al recorrer estos paisajes norteamericanos, tan idealizados y atrayentes, tan salvajes y llenos de riqueza, ese camino que la aleja de su cocina la pone ante un mundo más ancho en todos los sentidos. Las descripciones son magníficas, simples pero tremendamente evocadoras de los campos de siembra, de los bosques otoñales del noreste de los Estados Unidos, los ríos caudalosos y los pequeños pueblos, todo ello se presenta con una sencilla belleza que Helen va aprendiendo a apreciar. Es fácil compartir la ilusión de la protagonista y alegrarse por su felicidad, la empatía está asegurada desde que se la conoce y se observa su actitud positiva y pragmática, su simple filosofía de vida y sus deseos de no resignarse a convertirse en una solterona que no ha conocido más que las cuatro paredes de su acogedora cocina. Su pequeña gran aventura tendrá un final feliz que nos dejará con una sonrisa en los labios y habiendo disfrutado esta historia de amor por los libros que se plasma básicamente en los discursos del librero Mifflin, de los que reproduzco aquí algunos fragmentos y cuyo espíritu seguro que muchos compartiremos sin dudarlo.
«cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estás vendiendo doce onzas de papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche. En un libro cabe todo, el cielo y la tierra, en un libro de verdad, quiero decir. ¡Repámpanos! Si en lugar de librero fuera panadero, carnicero o vendedor de escobas la gente correría a su puerta a recibirme, ansiosa por recibir mi mercancía. Y heme aquí, con mi cargamento de salvaciones eternas. Sí, señora, salvación para sus pequeñas y atribuladas almas. Y no vea cómo cuesta que lo entiendan. Sólo por eso vale la pena. Estoy haciendo algo que a nadie se le ha ocurrido hacer desde Nazareth, Maine, hasta Walla Walla, Washington. ¡Es un nuevo campo, pero vaya si vale la pena! Eso es lo que este país necesita: ¡más libros!»
«Está bien que los decanos de las universidades exhiban sus estanterías de dos metros llenas de la mejor literatura y que los editores publiciten su colección de Clásicos del Linóleo, pero lo que la gente necesita es algo bueno, familiar, honesto. Algo que les llegue a las entrañas, que los haga reír y temblar y marearse y pensar en la pequeñez de esta bola de palomitas de maíz que gira en el espacio sin obtener nada a cambio. Algo que los estimule a mantener limpio el hogar y la leña bien partida para hacer el fuego y los platos bien lavados y secados y ordenados. Cualquiera que haga leer a la gente del campo cosas que valgan la pena le estará prestando un gran servicio a la nación. Y eso es lo que esta caravana de la cultura pretende hacer...»

sábado, 24 de noviembre de 2012

Las huellas de la vida

El argumento de esta última novela de Tracy Chevalier, “Las huellas de la vida”, se inicia a modo de una novela clásica inglesa del siglo XIX, época en la que se sitúa la acción de la misma, narrándonos unos hechos que se parecen a otras situaciones que hemos leído anteriormente en alguna novela victoriana de índole romántica, aunque pronto descubriremos que el romance no es la pieza fundamental en la historia que aquí se cuenta. Resulta que, cuando John Philpot decide contraer matrimonio, a sus tres hermanas solteras no les queda otra alternativa que trasladar su residencia a una localidad con un nivel de vida más asequible que Londres, de acuerdo con la escasa renta de la que deben vivir a partir de entonces. El lugar elegido será la localidad costera de Lyme donde las jóvenes, acostumbradas a la agitada vida social de la capital, deberán adaptarse al nuevo entorno. Cada una de ellas encuentra un nuevo interés al que dedicar su tiempo: mientras que Louise acrecienta su interés por la observación de la naturaleza y en particular de la flora de la zona, dedicándose de lleno a la jardinería y a recorrer los campos cercanos, Margaret, la más joven que aún conserva la esperanza de encontrar marido, se integra en la escasa vida social del pueblo, acudiendo a bailes y reuniones; Elisabeth, por su parte, descubrirá en las playas locales una nueva afición consistente en recolectar los numerosos fósiles que siembran las orillas y los acantilados de la zona.

Gracias a esta nueva pasión, conocerá a Mary Anning, una niña aún, hija del ebanista del pueblo, que junto con su hermano Joe recogen fósiles para venderlos a los visitantes y así ayudar a la magra economía doméstica. Las dos jóvenes iniciarán de esta manera una amistad poco habitual, al tratarse de personas de distinta clase social, pero que se basa en esta común afición en la que Mary aportará su especial habilidad para localizar los tesoros del pasado y Elisabeth sus conocimientos de derivados de su amplia cultura y sus abundantes estudios sobre anatomía, geología, etc. Un día Mary realiza un descubrimiento de mayor importancia que las piezas que habitualmente recolecta: se trata del esqueleto completo de lo que identifican como algún tipo de cocodrilo, atrapado en rocas playa. Elisabeth sabe que los restos no pertenecen a ningún animal conocido, pero la estrechez de miras de los habitantes del pueblo no permite hacerse a la idea de la posibilidad de que se trate de un animal extinto, algo que contradice la interpretación literal de la Biblia. La posibilidad de vender el hallazgo a lord Henley, representante de la nobleza local, permite a la familia Anning ver una salida a su situación económica, a pesar de que el comprador no pretenda darle la importancia que el descubrimiento merece, lo que frustra a Elisabeth que comprueba que los miembros del mundo científico menosprecia el papel de las descubridoras de fósiles, por considerar que su condición de mujeres no les permite acceder a conocimientos más elevados ni merecer que su nombre figure junto a los hallazgos geológicos que realizan.

Nuevamente Tracy Chevalier recrea acertadamente una época y una sociedad, dando el punto de vista femenino, como ya ocurría en sus anteriores novelas donde las protagonistas son siempre mujeres. En este caso el relato reúne todos los elementos característicos de las novelas decimonónicas de las hermanas Brönte o de Austen, dándose incluso la circunstancia de a esta última se la cita expresamente entre los ilustres visitantes del pueblo de Lyme que acostumbraban a acudir a las localidades costeras a pasar algunas temporadas de asueto. Según nos informamos al finalizar el libro, esta visita, al igual que los personajes y hechos que se nos cuentan son absolutamente reales, por lo que en este caso a la autora no le ha quedado más que recrear los hechos documentados y darles forma de novela, y de este modo nos encontramos ante un retrato absolutamente realista de las costumbres y usos de la época, con especial atención a la situación de las mujeres solteras y el insignificante papel que se les asignaba en la sociedad victoriana donde no contaban con el amparo de un marido ni con ingresos suficientes para mantenerse por sí mismas, al tiempo que no se planteaba la posibilidad de que una dama realizara trabajo remunerado alguno. También en el plano intelectual, se miraba de reojo a cualquier dama que mostrara cierto interés por los temas científicos o cualquiera que se saliera del rígido patrón de conducta fijado para ellas, que se limitaba a acudir a bailes, tomar el té y quedarse bordando en casa cuidando de su reputación, en lugar de ir arrastrando las faldas por las piedras de la playa o prescindir de los guantes para escarbar en busca de amonites o belemnites; la geología, como tantos otros, es un campo vetado para las mujeres de la época.

Y sin embargo, es la pasión que comparten Elisabeth y Mary y que las lleva a plantearse dudas existenciales que pocos estudiosos del momento son capaces de resolver en torno al origen de las especies, la extinción de seres prehistóricos y el papel que Dios creador tiene en todo ello. La novela es por tanto muy atractiva, como relato en sí, que nos acerca a unas vidas particulares de dos mujeres que luchan por llevar adelante su pasión y asumir un papel que se les niega, y por otro lado se incrementa su interés por cuanto sabemos que lo que se nos cuenta no es una ficción ideada por la autora, sino que se basa en mujeres que existieron realmente, que vivieron lo que se nos relata y que verdaderamente lucharon por reivindicar el papel que merecían en el mundo que les tocó vivir.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La leyenda del ladrón

Si a mí, que no he sentido nunca debilidad por las novelas de capa y espada, me ha resultado apasionante esta novela de Juan Gómez Jurado, "La leyenda del ladrón", ya me puedo imaginar el efecto que tendrá en aquellos que sean devotos del Siglo de Oro español y de los relatos ubicados en esta época histórica. Y es que, a pesar de estar ambientada en el siglo XVI y de contener todos los elementos típicos de las novelas de caballeros, incluyendo numerosa luchas con espadas, la trama es totalmente absorvente, los personajes altamente atractivos y el retrato histórico muy evocador. No creo andar muy desencaminada si afirmo que es una de las mejores novelas que he leído en este año.

El argumento se centra en la vida de Sancho de Écija, un huérfano a causa de la peste que es llevado hasta un hospicio de Sevilla para que allí los monjes se ocupen de sacarlo adelante proporcionándole algún trabajo, pero las circunstancias le llevarán a buscarse la vida como ladrón bajo el amparo del enano Bartolo que le enseñará a manejarse en el difícil mundo de las duras calles de Sevilla. Sin embargo Sancho es un joven con un gran sentido de la justicia por lo que tratará de vengarse de los más canallas de entre los maleantes que controlan el comercio del crimen en la ciudad y de aquellos que causaron la muerte del que fue su mentor. Al mismo tiempo, la protagonista femenina del relato de la que Sancho caerá enamorado, es Clara, una esclava, propiedad de un rico comerciante que es enviada a la casa del médico Monardes con el objeto de que aprenda las técnicas necesarias para aliviar a su amo de su dolencia de gota. Bajo la tutela del maestro, la joven aprende la utilización de las plantas y muchos remedios para sanar y encontrará en la huerta del médico un oasis de paz y conocimiento que la aleja de su triste realidad de esclava y le permite entrever la posibilidad de dedicarse a algo que la apasiona.

La trama de la novela es muy rica, con muchos personajes de gran relieve, entre los que destacan dos que probablemente nos suenen de antes: un tal Miguel de Cervantes, comisario de tributos del rey que rescata a Sancho de la muerte y lo entrega a los monjes y un actorucho inglés, maese Guillermo Shakespeare, huído de su país por no se sabe bien qué oscuro motivo. Ambos tendrán un papel importante en la trama vital de Sancho y le ayudarán a llevar a cabo su venganza. La verosimilitud del hecho de encontrar a estos dos personajes rondando por la Sevilla de la época es del todo probable, dado lo poco documentadas que las vidas de ambos estuvieron en torno a los años en que se desarrolla a trama. Lo cierto es que dan un interesante toque metaliterario a la novela, con numerosas referencias a obras posteriores de ambos, que enriquece enormemente la lectura.

También destacaría el vivísimo retrato que se hace de la ciudad de Sevilla, digno escenario del que se considera como el centro del mundo en aquel momento histórico, ya que a su puerto llegaban las riquezas de la América recién descubierta lo que hace que la ciudad se convirtiera en el centro del comercio y el poder de toda Europa lo que hace proliferar un submundo que siempre aparece en paralelo con la abundancia de riqueza: el mundo de los delincuentes, las prostitutas, los mendigos, los pillos y los más desafortunados que junto a los artesanos, los posaderos, la soldadesca, tratan de aprovechar las migajas de las fortunas en forma de toneladas de oro y demás mercancías que se descargaban a diario a través del puerto del Arenal.

En resumen, una magnífica novela histórica, estupenda novela de aventuras con las cantidades justas de lucha, venganza, romance y con muy interesante información sobre los usos de vida de la época. Muchos personajes todos muy bien retratados, un ritmo narrativo muy ágil, sin momentos muertos ni caídas en el interés con el que se sigue la trama. Una lectura absolutamente recomendable, por tanto.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Cien seguidores? No. ¡Ciento uno!

Como si hubieran estado esperando a que llegara el día de mi cumpleaños, que fue precisamente ayer, hoy abro mi blog y donde hasta antesdeayer aparecían, desde hace ya bastantes semanas, noventa y nueve seguidores, hoy me encuentro con que el número ha alcanzado los ¡ciento y uno! Un número importante, importantísimo, me parece a mí, un salto de nivel considerable. Ya puedo decir con gran orgullo y satisfacción que me "siguen" oficialmente más de cien personas. Ya sé, lo tengo claro, que este blog mío no es nada en comparación con otros muchos, muchísimos, que cuentan sus seguidores por cientos, pero, ¿qué puedo decir? este es el mío, el que yo escribo, y no puedo más que sentirme orgullosa de lo que tengo y de lo que he conseguido.

Y lo cierto es que nunca he pensado ni he luchado por conseguir ningún objetivo en este sentido; nunca he escrito nada pensando en agradar a nadie, jamás he hecho un concurso ni he animado a nadie a promocionar mi blog ni compartir nada de lo que aquí escribo en ningún lugar. Y eso que me parece estupendo que muchas otras personas lo hagan, que traten de llegar a mucha gente con lo que hacen, me parece fantástico y yo misma he participado en ello en otros blogs. Pero la verdad es que cuando yo empecé con esta tarea tuve claro que escribir un blog como este era algo así como estar en medio del océano y gritar mi opinión al aire: lo más probable es que nunca nadie leyera ni una sola de mis palabras, que todo se quedara en un pensar en voz alta, sin saber nunca si alguien me escuchaba. Con ese ánimo empecé a escribir mi opinión personal sobre mis lecturas y con ese ánimo continúo hoy, 16.649 visitas más tardes y 101 seguidores después, escribiendo para quien me quiera leer y opinando lo que me inspira cada libro, cada lectura, sin tratar de convencer, ni rebatir, ni polemizar ni adoctrinar, sin tratar de juzgar ningún libro ni de imponer mi opinión. Simplemente compartirlo publicamente con quien por aquí se pudiera pasar.

Por eso me resulta casi increíble que haya tantas personas que, después de haber leído cualquiera de las entradas que he publicado, haya decidido pulsar el botón de "Participar en este sitio" y se haya apuntado a la lista de aquellos que en algún momento habéis considerado que mi opinión o mi visión de las cosas os ha resultado interesante, acertada, de utilidad o que participa de vuestros gustos o sensibilidad. A todos vosotros os quiero dar hoy las gracias por seguirme, por leerme, por comentarme y quiero deciros que aunque no seáis una multitud, para mí tenéis un enorme valor, porque me dais un motivo muy importante para seguir manteniendo este blog que ya es un trocito de mí y de mi vida, que refleja mi mayor pasión y donde espero que sigamos leyéndonos por mucho más tiempo. A todos os doy las gracias. Cientos de gracias.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El abuelo que saltó por la ventana y se largó

Hay novelas que te atraen de primeras solamente por su título y te predisponen positivamente ya antes de leerlas, pero como eso de los gustos es como es, lo que menos me atraía de este libro era precisamente su título absurdo de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, es que no me inspiraba nada, la verdad y tampoco me gusta nada su portada, ¿qué le voy a hacer? a cada uno tiene sus gustos. Sin embargo era obvio que acabaría por leer la novela del escritor sueco Jonas Jonasson, y es que el hecho de que el año pasado no dejara de triunfar y de ser de lo más recomendado entre los lectores indicaba que algo había ahí que valía la pena. Y, efectivamente, hay historias que hasta que no las lees no te puedes ni imaginar lo que es capaz de dar de sí un título tan llamativo y a la vez tan poco atractivo, y la verdad es que sí que tiene miga y de la buena además.

El argumento de la novela se centra en el relato (disparatado) de las andanzas del anciano Allan Karlsson que, en el día en que cumple 100 años, decide escapar saltando por la ventana de la residencia en la que vive sin un objetivo determinado, simplemente por cambiar de aires, por vivir un poco la vida alejado de aquel lugar, y ¡vaya si va a vivirla! Al poco de haber huído se tropezará con un delincuente con pocas luces que arrastra dentro de una maleta el botín de la última transacción de su banda con la mafia rusa. Sin saber en lo que se mete, Allan, que no se para nunca mucho a reflexionar sus decisiones, decide llevarse la maleta, sin saber que esta esconde una auténtica fortuna. A partir de ahí se desata una incansable huida del anciano, perseguido por una parte de la policía local que trata de hacerle volver a la residencia y por otra de los propietarios de la maleta, empeñados en recuperar lo que es suyo. En su huida Allan se irá encontrando con una serie de personajes que se unirán a él en esa caótica escapada en la que irán dejando un reguero de cadáveres y que acabarán por conformar un peculiar grupo, bastante parecido a una troupe de circo, con elefanta incluída.

Pero esta aventura no es nada al lado de otras muchas, no menos absurdas y disparatadas, que el anciano Karlson ha protagonizado a lo larga de su larga vida; vamos a ir conociendo esta fructífera vida, desde su infancia y su temprana pasión por los explosivos, hasta cómo llegó a cumplir los cien años sin tener jamás en su vida una opinión firme sobre ningún asunto, sin tener una ideología determinada ni ningún interés en discutir nunca de política ni de ninguna otra cosa medianamente seria y cómo ha vivido dejándose llevar a donde le quisieran arrastrar las circunstancias, disfrutando del momento y sin intención de entrar nunca en discusiones. De este modo vamos reviviendo sus andanzas que incluyen, sorprendentemente, su participación en la Guerra Civil española donde salvó la vida a Franco, una borrachera de tequila con el presidente Truman, su intervención en los conflictos políticos de la revolución en China, su papel fundamental en la Guerra Fría… Entenderemos que después de haberlo visto todo en este mundo y haber vivido lo que ha vivido, Allan pase impávido, imperturbable, por las más extrañas experiencias sin que nada le altere ni le robe la paz, lo más disparatado es lo más natural para él que lo observa todo impasible y disfruta de los acontecimientos más formidables como lo más habitual en su existencia.

El estilo de la novela, aparte de ser absolutamente divertida, es fresco, desenfadado, cargado de ironía, desternillantemente absurdo, con unos diálogos que parecen sacados de una escena de manicomio, y unos personajes a cuál más disparatado y todos ellos con la cabeza bastante hueca, desde los delincuentes hasta las grandes figuras políticas del siglo XX, todos los personajes provocan una la sonrisa: los policías despistados, los criminales fanfarrones con pocas luces, los cómplices entusiastas, los periodistas disputándose las exclusivas y sobre todo ese abuelo al que nada le afecta y que vive su disparatada aventura con la serenidad que da el haber estado durante décadas en el centro de todos los huracanes políticos de un siglo bastante convulso pero que no han sido capaces de arrebatarle en ningún momento la paz interior que más bien es el reflejo de su filosofía de vida basada en tener como únicos incentivos el conseguir tener el estómago lleno, un buen trago a mano siempre que sea posible y un techo bajo el que dormir. Y lo demás, que sea lo que tenga que ser. Vamos, el nihilismo en estado puro.

Me ha quedado, por tanto, gratamente sorprendida con este libro plagado de humor irónico y disparatado pero sobre todo políticamente incorrecto, que se ríe de todo y de todos, haciéndonos pasar un montón de buenos ratos por el mero placer de reírnos hasta de nosotros mismos y de nuestra Historia pasada y actual, de los hechos más serios y de las circunstancias más extremas y con ese triunfo de la amistad y del amor con el que culmina la historia. Totalmente recomendable para desconectar de los dramas cotidianos.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El caso de la viuda negra

He tenido la fortuna de reencontrarme nuevamente con el detective Víctor Ros, personaje surgido de la pluma del escritor murciano Jerónimo Tristante en la novela , "El misterio de la casa Aranda" que tanto me gustó. En esta ocasión he continuado con el relato de las aventuras de este avispado detective con la segunda entrega de la serie, con un título tan sugestivo como "El caso de la viuda negra".

Los personajes principales de la anterior novela continúan más o menos donde los dejamos: Víctor disfruta ahora de una apacible vida familiar con su esposa Clara, a la que conoció mientras investigaba el caso que da título a la anterior novela, y  con quien ha tenido una hija y se encuentran a la espera otro. Su trabajo en la brigada metropolitana de la policía le lleva a seguir investigando diversos casos en los que da buen uso a su gran capacidad deductiva con la ayuda de su compañero Alfredo, con el que mantiene una relación similar a la de Holmes y Watson: Víctor es impulsivo, exigente  y lo analiza todo desde el punto de vista de la ciencia y la razón, mientras que Alfredo es sereno y reflexivo y un gran conocedor de la naturaleza humana. En esta ocasión, en medio de los prolegómenos del enlace real entre Alfonso XII y su prima María de las Mercedes, ambos tendrán que descubrir a los asesinos de un coronel al que le ha sido robado un extraño anillo que portaba en el momento de morir. El presunto culpable es un inteligente y cruel delincuente sospechoso de variados y sangrientos crímenes y que, además del caso del asesinato del coronel, mantuvo un romance con una joven casada con el anciano marqués de la Entrada que muere en circunstancias sospechosas. Resultará que la joven viuda es una antigua compañera de estudios de Clara, que se niega a creer que su amiga tenga algo que ver en la desafortunada muerte de su marido, lo que provocará tensión entre el detective y su esposa.

Al igual que en el caso de la anterior novela, también en esta se investigan dos casos que corren paralelos pero que tienen puntos en común, en este caso el sospechoso de ambas muertes y en los dos casos demuestra Víctor Ros su agudeza para descubrir la verdad basándose en los conocimientos técnicos y científicos que continúa desarrollando y aplicando a la persecución de los criminales. El ambiente del Madrid de la época y también de la ciudad de Córdoba a la que se desplazará Ros en su investigación, son muy evocadores del momento histórico, de la sociedad dominada por el autoritarismo de los gobernantes; las clases dominantes, el clero, el ejército e incluso la policía, que conserva un gran poder y lo ejerce sin pudor; los políticos liberales y conservadores en su constante alternancia característica de la época que refleja la sociedad dividida en dos bandos obligados a entenderse; el fervor monárquico del pueblo frente a las simpatías republicanas de los intelectuales que aceptan al rey como un mal necesario poco interesados en fomentar la mejora del nivel cultural del pueblo. Y a todo esto, la población continúa siendo por lo general poco ilustrada y anclada en antiguas creencias y temores, por lo que los métodos del detective Ros para hallar la solución a los casos resultan siempre llamativos y considerados casi cercanos a las dotes de adivinación, más que al trabajo de la razón y la deducción lógica.

La novela se lee con mucha agilidad, los diálogos son muy frescos y los personajes resultan agradables. Lo cierto es que es una serie que no me va a costar nada seguir, ya que todos los casos planteados tienen su interés, con nuevos personajes creíbles y  resulta muy entretenido seguir los razonamientos que llevan al protagonista a su resolución, siempre in extremis, manteniendo así viva la tensión hasta las últimas páginas. Muy recomendable lectura, por tanto.