jueves, 17 de junio de 2010

¡Hay que empezar a leer pronto!

Mi pequeñajo ya se siente atraído por la lectura ... aunque no sea alta literatura y aunque por ahora lo único que le interesa sea llevarse las revistas a la boca, por algo se empieza a cogerle el gusto.

Y compruebo que sigue el ejemplo que le dieron sus hermanos mayores.






sábado, 12 de junio de 2010

Cuando las apariencias del título engañan (Salmon fishing in the Yemen)

¿Qué pensaría yo si alguien me recomendara leer una novela sobre la pesca del salmón en Yemen? ¡Glup! Eso realmente suena a un "apasionante" tratado digno de ser publicado en el próximo número de "Jara y Sedal" pero lo cierto es que, una vez más, las recomendaciones de Amazon han hecho caer en mis manos una muy sorprendente novela, ópera prima para más señas, del británico Paul Torday que, con un título tan poco atractivo en principio como "Salmon Fishing in the Yemen" cuenta una divertida historia sobre un visionario jeque árabe, enamorado de la pesca con mosca que practica en su bucólica finca escocesa, que entra en contacto con un aburrido e insulso biólogo marino empleado en una agencia estatal encargada de la protección de los ríos británicos y su fauna, para poner en marcha un proyecto tan absurdo a primera vista como es introducir la pesca del salmón en un rio del desértico Yemen.

Combinando distintos textos como diarios íntimos, actas del Parlamento británico, las entrevistas de una investigación policial, correspondencia postal, e-mails y una biografía no publicada, la historia se va desarrollando a través de distintos puntos de vista, mezclando las complejas relaciones matrimoniales con las operaciones del ejército británico en el oriente medio y configura una historia donde aparecen muchos de los tópicos de aquel país, como la flema inglesa, la frialdad en sus relaciones personales, la imagen de los pescadores capaces de anteponer el bienestar de los salmones a su propia familia... prototipos británicos, al fin, que son retratados con fino humor mediante personajes que van del anodino científico que acaba resultando incluso tierno frente a su fría esposa centrada en su carrera profesional, al ridículo político que antepone los intereses de su cargo a cualquier otra cosa contando, en fin, una historia que, he de reconocer que, a pesar de que no lo imaginara posible dada la temática del libro, ha acabado enganchándome, convirtiéndose, en definitiva, en una muy agradable sorpresa lectora.

martes, 1 de junio de 2010

De Sandor Marai a Ken Follet

Terminé hace unas semanas de leer “La Mujer Justa” de Sandor Marai, un autor que me gusta especialmente, a pesar de no ser de lectura fácil, ya que profundiza con gran intensidad en los pensamientos y sentimientos de sus personajes, lo que se da especialmente en esta novela en la que se cuenta una misma historia a través de sus tres protagonistas que cuentan en forma de monólogo en primera persona los mismos hechos pero pasándolos cada uno de ellos por el tamiz de su propia experiencia, de su particular situación en la vida, en la historia y en la sociedad de la Hungría de principio de siglo, una realidad histórica para mí desconocida (al margen de las obras de Marai que siempre son húngaras) mediante la que descubro una sociedad cargada de tradiciones, cultura y larga historia y que quedó silenciada tras las guerras mundiales.


Marai retrata a los tres personajes, el esposo perteneciente a la antigua nobleza, la esposa burguesa y la amante de procedencia obrera e incide mucho en lo que la clase social de cada uno afecta a su modo de actuar, de pensar y de considerarse a sí mismo reflejando al mismo tiempo cómo la incipiente desaparición de las rígidas barreras entre dichos grupos sociales lleva aparejado que estas personas, en ocasiones, pongan en duda su verdadera identidad al dejar de encontrarse amparados por el marco tradicional en que cada uno vivía y moría dentro de su grupo social, acogiéndose a sus usos y limitaciones o a sus privilegios entendidos como algo inmutable que aportaba la seguridad de sentirse parte de algo perdurable, pero que en ese momento empezaba a dar muestras de no serlo tanto, con lo que esos cambios sociales suponen también cambios en las mentalidades individuales de los personajes.


Las novelas de Marai no son, precisamente, de acción sino de introspección en las mentes y corazones de las personas retratadas, por lo que el haber acometido tras esta lectura, “Un mundo sin fin” de Ken Follet (best seller por excelencia de los que hay que leer por obligación) no ha sido precisamente una decisión afortunada: es como pasar, sin solución de continuidad, de contemplar el fuego de la chimenea en una tarde lluviosa a tirarse en paracaídas desde una avioneta, la mente trataba de permanecer aún en un estado de serena reflexión cuando se la somete a un exceso de actividad, puede que esta sea la razón que me lleva a calificar esta última lectura de “novelón de verano” recomendable únicamente para llenar largas y ociosas tardes de verano en las que no se quiera dar mucho trabajo a la reflexión. Tan sólo me ha planteado una duda: ¿cómo es posible meter tanto sexo en una novela en la que la mayoría de sus personajes son monjas y monjes? Supongo que es un ingrediente imprescindible de cualquier best seller veraniego que se precie de serlo.